La niña

El escozor de ojos a las 4 de la mañana y el esfuerzo de cada paso que te lleva a la cama.

Parece que las estrellas brillan menos y que julio huele menos a verano.

Que se mezclan las resacas con el dolor de cuerpo que deja la tristeza.

Y le preguntas a la niña: ¿qué estoy haciendo mal?

Y la niña te contesta: ser tú misma, sigue así.

Porque si le preguntas y no te responde es que la has enterrado y le has fallado.

Que cabrona la vida que siempre va a desenterrar a la niña que te recuerda lo frágil y pequeña que eres.

Que te recuerda de dónde vienes, que no eres la mujer segura, fuerte y decidida que aparentas ser.

Que cobardes aquellos que viven su vida en función de lo que los demás esperan de ellos.

Es la verdad la que te lleva al abismo, la valentía de quien reconoce sus debilidades.

Que grandes aquellos que te abrazan fuerte y se tiran al vacío contigo con tal de no dejarte caer sola.

Que te agarran de la mano y se van a bailar contigo hasta que sale el sol. Levantando la cabeza tan alta como el cubata.

Que generosos los que sacan un minuto de su día para preguntarte qué tal estás.

Los que son capaz de olvidar todos los errores que has cometido, pedir perdón por los suyos y enseñarte de nuevo la verdad en sus ojos.

Que bonito los que te enseñan que el amor es echarte la bronca sin juzgarte y echarte la cuerda en el momento exacto.

“¿No te cansas nunca? ¿No te cansas de guardártelo todo para ti?”

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