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Mostrando entradas de julio, 2019

Hoy

Hoy te espero. Aunque no pause mi vida y todo siga girando. Hoy te espero, mañana no lo sé. Quizás mañana llegue alguien que me revolucione la vida y nunca más vuelva a buscarte entre la gente. Pero hoy tengo la certeza de que te esperaría toda mi vida.

Afloja

Prueba. Afloja un poco, destensa la cuerda, deja de tirar lentamente. Si todo se va a la mierda, es porque estabas tirando tú sola. Y nadie se merece cargar con todo el peso de una relación o de una amistad. Cargar con la responsabilidad de que algo que es cosa de dos, funcione. Así de fácil. Y así de complicado.

La niña

El escozor de ojos a las 4 de la mañana y el esfuerzo de cada paso que te lleva a la cama. Parece que las estrellas brillan menos y que julio huele menos a verano. Que se mezclan las resacas con el dolor de cuerpo que deja la tristeza. Y le preguntas a la niña: ¿qué estoy haciendo mal? Y la niña te contesta: ser tú misma, sigue así. Porque si le preguntas y no te responde es que la has enterrado y le has fallado. Que cabrona la vida que siempre va a desenterrar a la niña que te recuerda lo frágil y pequeña que eres. Que te recuerda de dónde vienes, que no eres la mujer segura, fuerte y decidida que aparentas ser. Que cobardes aquellos que viven su vida en función de lo que los demás esperan de ellos. Es la verdad la que te lleva al abismo, la valentía de quien reconoce sus debilidades. Que grandes aquellos que te abrazan fuerte y se tiran al vacío contigo con tal de no dejarte caer sola. Que te agarran de la mano y se van a bailar contigo ha...

3:20

Texto de David Velado (@Coccinellido) El puntero marca las 3:20. Tú ya te has ido de repente. No has oído mis alaridos, ni mis sollozos al no verte. Quiero reflejarme en tus mares. Bocanadas de aire llevan estranguladas figuras de papel. Todo se humedece y me asfixio. Tus lunares caen al vacío y la luz se desvanece. Me atraviesa una tormenta y revuelto en mis llantos, te encuentro a ti. Grito sin cesar. Grito que te quiero aquí conmigo. Tus palabras me atraviesan y se hunden en mis memorias. Me evaporo con cada sílaba y me consumo como una cerilla. Camino sin cesar, para no odiarte. Tú me miras sin plantearte que la daga en mi costado fue clavada por tu mano. Me desangro por tu amor, me precipito hacia un torbellino y tus manos son vestigio de un amor envenenado.