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Miras hacia arriba como si el mundo se te quedara pequeño y quisieras huir.

Yo te llevo, pero esta vez sin juzgarte, no diré nada.

Pararé el tiempo por ti.

Para ti.

Aprovecharé para escribirte y dibujarte en mis recuerdos.

Escuchar tu silencio.

Si no puedes aguantar más te agarraré fuerte de la mano para que no te pierdas.

No reprocharé que tú nunca lo hayas hecho conmigo.

Si te sientes pequeña, te haré grande.

Y no, no reprocharé que tú nunca lo hayas hecho conmigo.

Rebuscaré en mis entrañas, para hacer simple lo complicado.

No te pediré razones ni motivos.

Y por favor, si lloras, esta vez no te escondas.

Déjame ver si la sal de tus ojos me deja ver un poco más allá.

No digas nada.

Déjame explicarte lo que siento en el único lenguaje que entendemos.

El silencio.

Abre aquel libro que te regalé una noche de verano.

Donde te gritaba mil veces que me había equivocado.

Y quizás entiendas que aquella página con la esquina doblada no era casualidad.


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