Aguanto

Aguanto las miradas que te dedicaría, para pasar a las justas y necesarias. Esas que acaban en el suelo o en el horizonte. Porque si estuviéramos a solas, a centímetros de ti, con las manos entrelazadas, acabarían en tus labios.

¿Te imaginas que supieras todo lo que pasa por mi mente? A lo mejor lo intuyes. Por eso me quieres así, a medias, observando el amor puro del que a veces cae, y otras veces te levanta, pero que nunca baja la guardia.

Confías en mi buen hacer incluso más que yo, en que nunca voy a perder la razón. Pero joder, si enamorarse es lo menos irracional del ser humano… ¿cómo nunca voy a perder la razón si tengo el corazón sin frenos y cuesta abajo cuando se trata de ti?

Aguanto, porque es mi única opción.

Porque para huir, a pesar de lo que digan, es de ser muy valiente.

A veces las situaciones se nos van de las manos y acaban explotando. Y explotará entre lágrimas y silencios. ¿Te imaginas que explotara mirándonos, partiéndonos de risa, dejando a un lado nuestros roles, tú dentro de mí, yo dentro de ti, sintiéndonos?

Sin prejuicios, sin despedidas, sin tener que buscarte, sin que tengas que aparecer, que tu movimiento natural sea el de coger mi cara con tus manos y que caigas rendida cuando te acaricie la cintura como tú y yo sabemos.

Sin que importe quien está fuera esperándote, envueltas en el huracán que provocaste desde el primer roce.

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